Nowitzki, Holger, un Jeep y las carreteras australianas: "La última lección"



Apenas habían pasado unas horas desde que llegó a casa. Las maletas estaban aún sin deshacer, pero él quería marcharse ya. En su mente todavía estaba fresca la imagen de las decenas de personas que le habían reconocido en el aeropuerto y le habían dado sus ánimos. No podía soportarlo. Cada vez que apartaba la mente de su fracaso durante un breve tiempo, alguien volvía a recordárselo.

–“¿Dónde vas a poner esto?” –  le preguntó su madre Helga, sosteniendo el trofeo que le acreditaba como MVP de la NBA.

–“No lo sé. Déjalo ahí mismo” – respondió él, señalando con desdén un estante vacío.

Dirk Nowitzki fue a buscar el teléfono y llamó a Holger Geschwindner. Le dijo que no iba a poder aguantar así ni una sola semana, y menos aún un verano entero. Quería marcharse lejos de todo, y su mentor tenía que ser también su acompañante.

–“Quizás es hora de hacer ese viaje a lo mochilero por Australia del que tanto hemos hablado” – dijo el jugador de los Dallas Mavericks. – “No puedo soportar esto ni un segundo más”.

Así que unos días después, tras haber realizado los preparativos oportunos, allí estaban Holger y Dirk, mentor y pupilo, viajando desde Berlín hasta Sídney, cada uno con una simple mochila con lo básico para el viaje como equipaje.

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Periodista. Junto letras en D-Mavs desde 2009.

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