Conociendo a Delonte West

Delonte West se sienta en frente de su taquilla, con el uniforme puesto, la camiseta por fuera del pantalón, sus pies descalzos. Con infinito cuidado y meticulosa precisión, empieza a vendar su tobillo izquierdo, empezando por el empeine y continuando hacia arriba. Una vez finalizado, cambia a su pie derecho y repite un ritual que ha mantenido durante años.

"Es como un guerrero preparándose para la batalla" dice West. "Te tomas tu tiempo para pensar qué tienes que hacer esta noche para llevarte la victoria. Eres como Espartaco colocándose la armadura".

Desde finales de marzo, West ha añadido un nuevo paso a una rutina que la mayoría de los atletas profesionales encargan a los preparadoras físicos. Sujeta su mano derecha, con la palma hacia abajo, y con mucha paciencia comienza el proceso de unir sus dedos anular y corazón hasta que se convierten en uno solo, protegido para la batalla.

Cuando Delonte sufrió aquella desagradable lesión, que hizo que Vince Carter estuviese a punto de marearse, él simplemente se puso en cuclillas, se sujetó la mano, y prácticamente sin cambiar su expresión salió de la cancha mientras el hueso asomaba a través de la carne de su dedo.

"Sobre todo estaba pensando en que no iba a ser capaz de jugar toda la temporada para demostrar a este equipo y a la ciudad de Dallas que estoy comprometido y quiero estar aquí" explica West. "Y con la forma en la que el hueso asomaba, pensé que mi temporada podía haber llegado a su fin y que no iba a poder enseñar a este equipo de lo que soy capaz".

Desde el primer momento, se ganó al vestuario.

"Es una gran persona, que se preocupa mucho por los demás" dice Jason Kidd. "Es un competidor y sabe jugar. Es una gran parte de lo que ha sido esta temporada. Estar a su lado esta temporada ha sido genial y he aprendido mucho sobre él. Te daría hasta su último dólar si lo necesitases".

"Su último dólar". Kidd no tiene ni idea de la razón que tiene.

Delonte ha pasado por problemas financieros, dos muertes en su familia y una lesión para hacerse un sitio en Dallas. Se ha hecho con el puesto de escolta titular y será clave en las aspiraciones de los Mavs en postemporada.

Mientras sigue su ritual de vendaje, West aprovecha para escuchar música y pensar. Y siempre dirige sus pensamientos al mismo sitio al que dirige su dinero: su familia. A su madre, Delphina Addison, que vive en la casa que Delonte la compró en Maryland, quien ha trabajado en dos y tres trabajos al mismo tiempo durante toda su vida, quien hace siete años se sacó el graduado en la Universidad de Maryland, trabaja para la Marina y continúa estudiando para sacarse el máster en servicios sociales en la Universidad de Howard, gracias a su hijo; y también a su padre, Dmitri Sr., quien se divorció de Delphina de una manera remarcablemente amistosa antes de que Delonte tuviese uso de razón pero permaneció a su lado y ahora vive en una casa que su hijo le compró.

West piensa sobre su hermano mayor, Dmitri Jr., su mujer y sus cuatro hijos, quienes viven en la casa que Delonte les compró no muy lejos de la de su madre. Los dos hermanos hablan por teléfono todos los días, y Dmitri fue al primero al que llamó Delonte después de meterle el dedo en el oido a Gordon Hayward, lo que le costó $25,000 de multa.

"No se lo tomó a la ligera, estaba realmente enfadado consigo mismo" asegura su hermano. "Estaba disgustado consigo mismo. Le dije 'hermano, ¿qué estás haciendo?' y el me dijo 'lo se, lo siento'. Me pidió disculpas porque a veces está fuera de su control porque uno sabe los problemas con los que tiene que lidiar a veces por sus asuntos médicos. A veces es como '¿ha vuelto a caer? ¿Qué hace?'"

West también piensa en su hermana pequeña, Danielle, quien vive con su madre. Danielle pronto comenzará su carrera en el departamento de policía de Washington D.C. después de que Delonte la pagase una carrera en la Universidad de Central Florida y se asegurase de que siempre tenga un lugar donde vivir y un coche que conducir.

"Estoy orgulloso de ella" dice Delonte. "Es una jovencita muy dura".

"Delonte no se queda nada para él" asegura Dmitri. "Delonte lo da todo. Se asegura de que todos en su familia están bien cuidados".

"Tengo 36 sobrinos y sobrinas" dice Delphina. "Y al mismo tiempo, ellos tienen hijos y nietos. Mi hermana tiene 67 años, eso es más que los abuelos de mucha gente. Y Delonte se preocupa por todos y cada uno de ellos. Siempre intenta ayudar".

Reconoce que al principio hizo algunas compras tontas, comprar simplemente porque podía comprar. Simplemente porque cuando tenía 13 años arreglaba tejados para pagar los regalos de Navidad a su familia. O porque cuando otros chicos de su área con su talento viajaban a Las Vegas o a California a disputar torneos, él se quedaba con el asfalto del parque, practicando a solas.

"Cada vez que hablaba con él, y no exagero, siempre iba al parque a lanzar o venia del parque de lanzar" dice su entrenador en St. Joseph, Phil Martelli. "Sobre todo en verano. Era un chico que entrenaba al aire libre cuando todos lo hacían en pista cubierta, y que entrenaba a solas cuando nadie entrenaba".

Por algo por lo que siempre pasa la mente de Delonte es por aquel incidente que no volverá a dejar que se repita. No puede hacerlo. Es consciente de que sus actuaciones dentro y fuera de la pista marcarán lo que pueda ganar en el futuro, y por lo tanto cómo va a poder ayudar a su familia. Es por eso por lo que sigue enfadado consigo mismo por lo que sucedió en 2009, un incidente que hizo que la gente tuviese una percepción de chico malo con vida de matón de él. Acabó con arresto domiciliario y alteró el curso de su prometedora carrera.

En esa noche de septiembre, según explica él, estaba llevándose unas armas de su casa después de que unos amigos que estaban con él las encontrasen e hiciesen el tonto con ellas.

Su madre y varios niños también se encontraban en la casa. West ya había tomado su dosis nocturna de Seroquel, su medicación para el trastorno bipolar, y se había ido a dormir. Fue despertado por su madre, furiosa porque sus amigos estaban por la casa llevando de forma descuidada las armas que habían encontrado.

Impulsivamente, cogió las armas y se montó en su moto, para conducir por la autopista hacia una de sus otras casas en la ciudad donde guardarlas.

West se perdió en la autopista. La medicación le hacía entrar y salir de un ligero sueño, hasta que se dio cuenta de que se había pasado la salida. Un coche de policía se puso detrás de él, y según Delonte, él les pidió que parasen, bajó de la moto, y les avisó de que estaba medicado, perdiendo el control, y portando armas.

"Llevaba dos años en mi contrato en Cleveland" explica Delonte, quien esperaba recibir una buena extensión de un equipo que apuntaba al campeonato con Lebron James. "Entonces tuve el incidente y los equipos no querían ni siquiera negociar conmigo. Me tacharon de loco, pistolero terrorista o algo así. A partir de ahí, no tenía nada que ver con lo que hacía dentro de la cancha".

Encontrándose financieramente comprometido por encima de su alcance, con los gastos derivados del arresto y el juicio, su divorcio después de un breve matrimonio y el lockout sin permitirle encontrar un contrato en la NBA, West se iba a pique. Se convirtió en un chiste para muchos cuando se puso a trabajar en un camión de reparto de muebles durante el parón patronal. También pidió un trabajo en Home Depot, y vendió cajas de cuchillos junto a su hermano en un puesto en un centro comercial.

"Yo iba a por los clientes, les decía 'soy D-West, de los Celtics' y le decía a la gente que fueran al stand, donde mi hermano cortaba tomates y cosas para enseñar lo afilados que eran los cuchillos" explica Delonte. "Cualquier cosa que pudiera hacer, tío. Al mismo tiempo, no me avergüenzo. De la misma forma que estoy sonriendo y disfrutando la vida ahora, lo hacía entonces".

Explica Dmitri: "A nosotros nos enseñaron como luchar para sobrevivir. Es por eso por lo que él está jugando con sus dedos vendados ahora".

Cuando terminó el lockout, firmó su segundo contrato mínimo consecutivo, en esta ocasión con los Dallas Mavericks. Llegó a Dallas varios días antes de la firma de su contrato, con mucha ilusión y sin dinero para alquilar un apartamento.

Por eso, hasta que lograse acumular unos cuantos cheques que le permitiesen pagarse un apartamento al mismo tiempo que pagaba los costes del juicio y del divorcio, Delonte se quedó a dormir en el vestuario de los Mavericks unos días, en su coche en otros. Cuando los jugadores de la NBA juegan fuera de la ciudad de su franquicia, les corresponden unas dietas diarias. Delonte guardaba también ese dinero, racionando la comida de un día para que le durase para el siguiente y guardando así el dinero de uno de cada dos días.

Por suerte, no tuvo que mantenerse en esta situación durante mucho tiempo. Cuando Mark Cuban se enteró de su caso, utilizó sus contactos para conseguirle un apartamento con facilidades de pago.

"Fue increíble, de la noche a la mañana me ofrecieron casi 10 apartamentos diferentes" dice West. "Mark es un dueño de franquicia especial, que de verdad se preocupa por cada segundo de la vida de sus jugadores. Supongo que cuando él responde por ti, es mucho más fácil encontrar apartamento".

Una hora antes de comenzar el partido, Delonte está en la pista lanzando a canasta. Su paso por Dallas puede ser corto. Mark Cuban espera firmar a grandes jugadores este verano, y si lo consigue, eso limitaría la habilidad del equipo para renovar a West. Él piensa que se merece más del contrato mínimo y espera probarlo.

"Cuando ese momento llegue, llegará" dice Delonte sobre la búsqueda de un nuevo contrato. "Solo espero que se vea lo que he hecho durante los dos últimos años, jugando por el mínimo cuando se que valgo mucho más comparado a otros jugadores de la liga; con mi habilidad para defender y atacar, todo lo que veis. Eso no vale el mínimo.
Solo espero que un día los equipos me juzguen por lo que hago en la pista, y no por algo que pasó una noche hace tres años".

Delphina espera que los Mavericks sean ese equipo.

"Me encanta la forma en la que Dallas ha acogido a mi hijo" dice. "Cuando veo a mi hijo le veo feliz, ha sido como una transformación y eso me encanta. Y también me encanta Dallas. Me encanta lo que está pasando con Delonte en Dallas".

"Al final, cuando el mundo te da una paliza y no te queda nadie en que apoyarte" dice West, "tu familia siempre estará ahí".

*Realizado a partir de extractos de entrevistas para ESPN, Dallas Morning News, Sports Illustrated y Slam Magazine*

Periodista. Junto letras en D-Mavs desde 2009.

Share this

Entradas relacionadas

Anterior
Next Post »